2011. H.P. Lovecraft, El Poeta de los Universos Paralelos

PARA EMPEZAR

Hace mucho tiempo, en la ciudad de Providence, murió el viejo Whipple. Heredó todos sus bienes su joven nieto Phillips. La herencia consistía en una casa con una enorme biblioteca y, sobre todo, una lámpara de oro. Esa lámpara la consiguió su abuelo en una tumba de Arabia, cerca de la Ciudad de Irem, también conocida con el nombre de la Ciudad de las Columnas, y había pertenecido a un árabe loco de la tribu de Ad denominado Abdul Alhazred. La lámpara contenía un extraño misterio, y su abuelo dejó escrito que hasta pasados siete años no podía tocarla, tiempo que consideró suficiente para que su nieto leyese parte de los libros de la biblioteca y alcanzase la madurez necesaria para enfrentarse al enigma que encerraba.

Pasado ese tiempo Phillips, que era un amante del pasado y que leyó ávidamente los viejos manuscritos, cogió la lámpara, la limpió, le puso aceite y la encendió. Cuando su luz cálida y mortecina se extendió por toda la habitación, empezó a ocurrir algo asombroso: los objetos de la sala se difuminaron, y en el fondo de la luz aparecieron imágenes de lugares desconocidos para el joven, de seres que quizá alguna vez pisaron la faz de la Tierra, de ciudades con nombres musicales y sonoros como la de Kadast, cuyas cúpulas gigantescas se elevaban hacia un cielo de estrellas irreconocibles. Vio también el río Miskatonic y la ciudad de Arkhan, el horror de Dunwick y la ciudad costera de Insmonth, las montañas de la locura, la meseta de Leng, los Shogoths, al gran Cthulhu y los demás dioses del panteón, que vinieron de lejanas estrellas antes que la raza humana apareciese sobre la Tierra; un sinfín de escenas de un pasado remoto y misterioso. Y el joven soñador contempló alucinado las imágenes que la luz de la lámpara proyectaba, y sintió una llamada desde el fondo de los eones sin tiempo; entonces se aterrorizó y la apagó apresuradamente.Se cuenta que en varias ocasiones la volvió a encender, y que decidió escribir todo aquello que contemplaba a través de su puerta dimensional. Y así, el mundo conoció los Mitos de Cthulhu, El Necronomicón, los seres híbridos del arrecife del diablo… hasta que un día, ya viejo, Phillips respondió a la «llamada» y se introdujo en el más allá del resplandor de la lámpara. Nada más se supo de él. Sólo quedaron sus relatos. Y Howard Phillips Lovecraft se convirtió en un mito, un eterno mito que aún hoy persiste.